La nueva entrega de los monos amarillos es una carta de amor al cine… sí, es en serio.

Si ha habido una franquicia animada en los últimos años que ha tenido un impacto tanto en el cine como en la cultura popular, esa ha sido, sin duda, la de los Minions. Lo que comenzó como un grupo de personajes secundarios con un humor bastante simple en Mi villano favorito terminó convirtiéndose en uno de los mayores fenómenos comerciales de la animación, al punto de conseguir su propia trilogía de películas.

Pero la nueva entrega de la saga, Minions y monstruos, nos hace preguntarnos si ¿es realmente un nuevo acierto para la franquicia o es una muestra de fatiga? ¿Una señal de que tanto los monos amarillos como su universo cinematográfico empiezan a necesitar un descanso?

Para sorpresa de muchos, esta nueva película no se siente como una secuela innecesaria, más bien termina sintiéndose como una inesperada carta de amor al cine. Y sí, aunque suene exagerado decirlo, por momentos la pasión con la que homenajea la historia del séptimo arte recuerda, por ejemplo a películas recientes como los son Babylon o Los Fabelman.

Desde su primera aparición, los Minions siempre fueron presentados como criaturas cuya única misión era servir al villano más malvado del mundo. Sin embargo, esta película juega con esa idea y les da un propósito completamente distinto: convertirlos en estrellas del Hollywood clásico. Para quienes disfrutan del cine antiguo, la película está llena de referencias que van desde clásicos como El ciudadano Kane y el cine de Charlie Chaplin hasta obras de ciencia ficción como El día que la Tierra se detuvo.

Otro de los grandes aciertos de la cinta es que se aleja, al menos parcialmente, del humor infantil basado únicamente en chistes escatológicos o las situaciones absurdas de siempre. Aquí la comedia apuesta mucho más por el slapstick, recuperando el espíritu de figuras como Chaplin, Buster Keaton o Harold Lloyd. Claro, siguen existiendo algunos chistes dirigidos a los más pequeños, al final sigue siendo una película para toda la familia, pero, en términos generales, el humor se siente más elaborado y variado.

El principal problema de la película aparece cuando intenta contar demasiadas historias y tocar tantos temas al mismo tiempo. En varios momentos deja la sensación de ser una colección de sketches protagonizados por los Minions que, por alguna razón, terminaron unidos bajo el nombre de una misma película.


La primera mitad funciona como un homenaje al Hollywood clásico, mostrando a los Minions convertidos en celebridades y enfrentándose posteriormente al olvido gracias a la llegada del cine mudo. Después, la historia cambia de rumbo para convertirse en una aventura de fantasía donde deben encontrar a un monstruo para filmarlo. Mientras tanto, aparecen una trama secundaria sobre otros Minions buscando a un nuevo villano y otra protagonizada por un robot que desarrolla una inesperada historia de amor con una activista feminista durante los años veinte. Ninguna de estas ideas es mala por sí misma; el problema es que todas compiten por la atención del espectador y ninguna termina de desarrollarse por completo.

El desenlace también resulta algo anticlimático. La gran amenaza de la película, esa extraña criatura naranja con ojos que ni recuerdo su nombre, termina siendo derrotada con demasiada facilidad y nunca llega a transmitir la sensación de peligro que la historia intentó construir. Todo recuerda, en cierta medida, a la resolución de la primera película de los Minions, lo que hace que el final se sienta un poco reciclado y falto de impacto.

Aun con estos problemas, Minions y monstruos termina siendo un acierto. Y lo es porque, más allá de su evidente intención comercial, transmite la sensación de haber sido realizada por personas que genuinamente aman el cine. Se percibe el cariño por el Hollywood clásico, por la comedia física y por el placer de contar historias.

Además, resulta refrescante ver a los Minions salir, aunque sea por un momento, de su papel habitual como simples acompañantes de un villano. Aquí son aventureros, actores, exploradores y, sobre todo, personajes capaces de sostener una historia por sí mismos.

Quizá la película no sea la mejor entrega de la franquicia ni una obra maestra de la animación contemporánea. Sin embargo, sí consigue algo mucho más importante: recordar que el cine puede seguir siendo un espacio para jugar, experimentar y rendir homenaje a quienes construyeron este medio antes que nosotros.