Más que una biopic, es un relato (ironicamente) profundamente humano sobre las heridas y el vacio interno. 



“There´s a hole in my soul you can see it in my face it's a real big place”
Feel, Robbie Williams

Cuando pensamos en fama y éxito, lo primero que suele venirnos a la mente son personas con mucho dinero, viviendo en mansiones, recibiendo la atención de miles y disfrutando de una vida llena de glamour, fiestas y excesos.

Esta visión casi fantasiosa de la fama suele venir acompañada de una idea muy concreta: el éxito nos traerá felicidad. Pero, ¿realmente es así? ¿La fama nos ofrece una oportunidad para sanar nuestras heridas o, por el contrario, termina rompiéndonos todavía más? ¿La fama corrompe a las personas o simplemente expone las carencias, conflictos y traumas que ya existían dentro de ellas?

La película biográfica Better Man, inspirada en la vida de Robbie Williams, ofrece un relato que, irónicamente, pese a estar protagonizado por un chimpancé hecho en CGI, se siente profundamente humano. El filme no solo retrata la cara brillante del estrellato, sino también su dimensión más cruda y psicológica, invitándonos a reflexionar sobre los estragos emocionales que puede dejar la búsqueda obsesiva de reconocimiento.

Más que nada, la película demuestra que la fama no crea nuevos defectos; simplemente amplifica las heridas que ya estaban ahí. Funciona como un megáfono de los traumas, inseguridades y vacíos emocionales que una persona arrastra desde la infancia.



Desde una perspectiva psicológica, y tomando como referencia la teoría del apego de John Bowlby, gran parte del sentimiento de inferioridad y abandono que carga Robbie nace de la ausencia de su padre. Bowlby sostenía que nuestros cuidadores principales son la base sobre la cual construimos nuestra autoestima y nuestra percepción del mundo. Al sentirse abandonado, Robbie interioriza desde niño la idea de que no es lo suficientemente valioso para que alguien permanezca a su lado y que el amor, en el fondo, debe ganarse.

Bajo esta lectura, entendemos que Robbie no persigue la fama únicamente por dinero, estatus o reconocimiento. Lo que realmente busca es algo mucho más primitivo: afecto, validación y atención. El problema es que, al intentar llenar ese vacío mediante la notoriedad y el espectáculo, termina sintiéndose todavía más solo. Ese tipo de amor no es genuino ni incondicional; no se te da únicamente por ser quien eres realmente, sino que se gana por lo que puedes ofrecer como figura pública. La gente deja de ver a la persona y comienza a consumir únicamente al personaje, al “mono de feria” que entretiene.

Y quizá ahí radica uno de los mayores aciertos de la película: mostrar cómo la fama, cuando nace de heridas emocionales no resueltas, puede sacar a relucir nuestra parte más primitiva y autodestructiva. Los excesos, las drogas, la envidia o el ego terminan convirtiéndose en intentos desesperados por llenar un vacío interno que nunca desaparece del todo.



De hecho, resulta muy interesante la paradoja que plantea la película entre fama y alienación. Mientras Robbie intenta escapar del dolor causado por el rechazo de su padre a través del dinero, el sexo o las drogas, en lugar de enfrentar la raíz de ese sufrimiento, lo único que consigue es agrandar todavía más el abismo que lleva dentro. La película deja claro que, mientras más alto llega Robbie en términos de éxito y popularidad, más salvajes y destructivos se vuelven sus colapsos tras bambalinas.

Todo el viaje de Robbie representado como un chimpancé funciona como una metáfora de esa lucha interna entre la necesidad de ser amado y los impulsos más primitivos nacidos del dolor y la inseguridad. La película nos recuerda que intentar llenar nuestros vacíos emocionales a través del placer superficial o de la aprobación externa nunca termina sanándonos. Huir del dolor no lo hace desaparecer, todo lo contrario, lo agranda. 

Sanar no significa olvidar el abandono de su padre ni fingir que nunca le dolió. Significa mirar de frente sus propias heridas, dejar de pelear constantemente contra ellas y aceptar que estas forman parte de su historia. Pero, sobre todo, implica comprender algo fundamental: que si su padre no supo amarlo como Robbie necesitaba, eso habla de las limitaciones emocionales de su padre, no del valor de Robbie como ser humano.


Y quizá esa sea la reflexión más humana que deja Better Man: muchas veces pasamos la vida buscando afuera aquello que sentimos que nos faltó dentro. Sin embargo, ninguna cantidad de fama, dinero o reconocimiento puede reemplazar el amor propio y la aceptación de nuestras heridas. Solo cuando dejamos de medir nuestro valor a partir de la aprobación de los demás podemos empezar, verdaderamente, a sanar para llegar a ser una mejor persona.