Star wars vuelve a los cines, con una historia... que no se siente para los cines.
Es sabido por fans y no tan fans de La guerra de las galaxias que, desde que Disney se adueñó de los derechos de la saga, este universo ya no ha sido el mismo. Desde la decepcionante y muy criticada trilogía secuela de las películas originales hasta las series de Disney Plus, la mayoría de las historias que la compañía del ratón nos ha ofrecido han dejado mucho que desear. Y no solo por la floja escritura con la que están hechas, sino también por las inconsistencias dentro de la lógica del propio universo.
Claro, no todo lo que ha hecho Disney es una completa porquería. Hay productos destacables como Rogue One, la serie Andor y The Mandalorian. Esta última ha sido, probablemente, lo más exitoso que Disney ha hecho con esta franquicia, dándonos dos excelentes temporadas que expandieron el universo mientras presentaban personajes entrañables, temas interesantes y aventuras que emocionaban tanto como las películas dirigidas por George Lucas.
El problema es que, al ser prácticamente el único producto de este universo que realmente le funcionó a Disney, hicieron lo que mejor saben hacer: explotarlo hasta el cansancio, exprimirle todo el jugo al limón. Primero nos dieron una participación innecesaria y fuera de lugar en The Book of Boba Fett, luego una tercera temporada de The Mandalorian que se siente forzada y rellena, y finalmente una película que nos trae aquí hoy.
The Mandalorian & Grogu es la primera película de Star Wars que llega a los cines después de siete años y, la verdad, ni siquiera se siente como una película. Se siente como varios capítulos alargados proyectados en una sala de cine; como una temporada comprimida y ni siquiera una importante, sino una que ni sabe qué quiere contar. Y ese es uno de los grandes problemas de la cinta.
Gran parte de la película se siente sin dirección. No hay un conflicto claro, no existe una amenaza que realmente te haga preocuparte por los protagonistas y ni siquiera hay una evolución significativa de los personajes. Nada aquí se siente verdaderamente cinematográfico. La estructura es tan débil y mal construida que, más que sentir que estás viendo una película, parece que estás viendo capítulos de una nueva temporada de The Mandalorian en pantalla grande.
Además de lo incesesaria que resulta la cinta, hay muchos otros problemas presentes: los diálogos son terribles y casi todas las escenas donde aparece el hijo de Jabba the Hutt son irritantes. El personaje repite lo mismo una y otra vez, sin subtexto, sin matices; todo lo dice de la manera más literal posible.
Toda la trama de Grogu intentando rescatar al Mandaloriano, aunque parte de una buena intención, está terriblemente ejecutada. Se siente aburrida y forzada, y en ningún momento temes realmente por la vida de alguno de los personajes.
La batalla final resulta anticlimática precisamente porque su construcción es completamente mediocre. No hay evolución en los personajes, no existe una amenaza real y tampoco está esa emoción que caracterizaba a las películas clásicas, donde todo ocurría a contrarreloj y realmente sentías que cualquiera podía morir. Aquí todo se siente superficial: no hay emoción ni profundidad.
Sin duda, The Mandalorian & Grogu es más que una mala película; es una demostración de cómo algunas historias pertenecen más a la televisión que al cine. Y no porque la televisión tenga una estructura “inferior”; al contrario, hoy existen series con un nivel cinematográfico enorme. El problema aparece cuando una película se siente como un capítulo alargado o una temporada comprimida que nunca termina de emocionar y acaba resultando pesada por lo forzada y floja que es.

