Parece más un video de Youtube largo proyectado en cines que una película.
En los últimos años, YouTube ha pasado de ser únicamente una plataforma de entretenimiento a convertirse en un espacio donde pueden surgir historias con un nivel cinematográfico sorprendente. Cada vez son más los creadores que utilizan el formato digital para experimentar con nuevas maneras de contar historias, muchas veces con ideas más arriesgadas e interesantes que las del cine comercial tradicional.
Uno de los fenómenos más populares nacidos de internet ha sido el de The Backrooms. Basada en una creepypasta originada en 4chan, esta webserie de estilo found footage nos introduce en interminables pasillos y espacios liminales que parecen existir fuera de la realidad. Gran parte del impacto de estos videos radica precisamente en el misterio de esos lugares, en su estética inquietante y en la sensación constante de extrañeza que generan.
Este 2026, A24 decidió adaptar este fenómeno de internet a un largometraje dirigido por Kane Parsons. Y aquí surge una pregunta interesante: ¿realmente todos los conceptos nacidos en internet funcionan dentro del formato cinematográfico tradicional o existen historias que pertenecen mejor a espacios más pequeños y experimentales?
La película destaca, sobre todo, por su impresionante diseño de producción. Parsons logra trasladar de manera extraordinaria la atmósfera de los Backrooms a la pantalla grande. La sensación de tensión, incomodidad y desorientación que caracterizaba a las webseries está recreada con muchísimo cuidado. El filme consigue que el espectador se sienta atrapado dentro de esos espacios vacíos, artificiales y profundamente inquietantes.
Visualmente, la película es innovadora y perturbadora. La estética liminal está construida con enorme precisión y el manejo del sonido, los silencios y la iluminación ayudan a crear una experiencia inmersiva bastante angustiante. En términos de atmósfera es impecable.
Sin embargo, donde la película realmente flaquea es en su narrativa. Gran parte de la cinta se siente más interesada en mostrarnos los Backrooms que en construir una historia sólida alrededor de ellos. Aunque el filme desarrolla de manera efectiva este submundo extraño y claustrofóbico, la ejecución del guion resulta bastante débil.
No existe un conflicto realmente claro, los personajes carecen de profundidad y desarrollo, y hay subtramas que se sienten vacias, confunsas y fuera de lugar respecto a la historia principal. Además, varias escenas caen en diálogos excesivamente explicativos que rompen parte del misterio que hacía tan fascinante al concepto original.
Incluso el clímax, aunque visualmente impresionante y muy bien dirigido en cuanto al suspenso, termina perdiendo fuerza porque toda la construcción emocional previa se siente vacía. La película logra generar tensión constante, sí, pero no consigue que el espectador se involucre realmente con los personajes ni con lo que ocurre dentro de ese universo.
Y quizá ahí reside el principal problema de la cinta: no termina de aprovechar el potencial psicológico y simbólico de los espacios liminales. Los Backrooms siempre han sido interesantes no solo por su estética, sino porque representan algo mucho más profundo: la sensación de alienación, vacío, desconexión y ansiedad que muchas personas experimentan en la modernidad. Son lugares que parecen familiares y extraños al mismo tiempo, casi como un reflejo físico de la incertidumbre y el aislamiento contemporáneo.
La película intenta acercarse a estas ideas e incluso deja espacio para interpretaciones psicoanalíticas, pero nunca profundiza lo suficiente en ellas. Los Backrooms terminan funcionando más como un escenario visualmente fascinante que como una extensión del conflicto interno de los personajes. Nunca llegamos a entender realmente qué representan esos espacios, ni cómo afectan a los personajes a un nivel emocional o inconsciente.
Como adaptación estética del fenómeno de internet, The Backrooms funciona de manera espectacular; logra capturar la esencia inquietante y surreal de los espacios liminales mejor que cualquier otra propuesta similar. Pero como película, se queda corta debido a la debilidad de su historia, sus personajes y la construcción de su conflicto.
Y quizá eso también diga algo interesante sobre el propio origen del proyecto. Hay ideas nacidas en internet cuyo poder reside precisamente en el misterio, la fragmentación y la ambigüedad. Conceptos que funcionan mejor como experiencias breves, incompletas y abiertas a interpretación que como narrativas tradicionales obligadas a explicarlo todo.

