Steven Spilberg regresa a la ciencia ficción con un thriller que no emociona como debería.
Cuando pensamos en películas sobre extraterrestres, lo primero que se nos viene a la mente son megaproducciones cargadas de efectos especiales y estrellas de acción famosas luchando contra seres de otro mundo que buscan exterminar a toda la humanidad (o bueno, solo a Estados Unidos).
Pero también existen películas más austeras que prefieren utilizar a los alienígenas como una presencia oculta durante gran parte de la cinta, pero cuya fuerza resulta amenazante; o bien, cuya aparición, en vez de sacudir y arruinar nuestra cotidianidad, termina transformándola en algo fantástico donde los extraterrestres, irónicamente, nos ayudan a descubrir nuestra propia humanidad.
El maestro de este segundo tipo de cine, creador de obras clásicas y míticas como E.T., el extraterrestre y Encuentros cercanos del tercer tipo, regresa para estrenar una película que mezcla alienígenas, ciencia ficción y un thriller gubernamental de conspiración. Una combinación superinteresante que podría brindarnos una de las experiencias cinematográficas más inmersivas del año, pero que, lastimosamente, deja mucho que desear.
Con toda su trayectoria, Steven Spielberg nos ha demostrado que es el maestro de la ciencia ficción, no solo por las historias y los temas que narra, sino por la forma en que lo hace, y esta película no es la excepción. El día de la revelación se destaca por la dirección, la puesta en cámara, los planos secuencia, las imágenes y todo el apartado de producción están impecables; realmente te transportan a ese mundo conspiranoico y fantástico donde transcurre la cinta. Sin embargo, la historia decepciona bastante. Lo que prometía ser un thriller que te mantendría al filo del asiento terminó convirtiéndose en una persecución bastante alargada, aburrida, plana y poco interesante.
Los personajes resultan tan unidimensionales, aburridos y falsos que no te terminas de interesar por ellos. Para una película donde predomina la tensión, esto se vuelve un problema grave: si no te importan los personajes, no te importa lo que les pueda pasar, y sin eso no hay emoción ni empatía.
El villano, interpretado por Colin Firth, resulta sumamente plano, genérico y poco creíble, no es una amenaza creible, es casi un villano aburrido de James Bond que busca atrapar a los protagonistas bajo el discurso de siempre: "la gente no está preparada para esto". Y justo ahí radica el gran problema de la cinta.
La película juega con el concepto de los extraterrestres y la idea de que no estamos solos en el universo a través de temas como la religión, la fe, la verdad y el control del gobierno, pero solo lo hace de forma superficial, principalmente mediante diálogos que suenan poco creíbles y que intentan ser poéticos, pero terminan resultando explicativos y forzados.
Lo que sí es digno de alabar es el final. La escena de cierre por sí sola es una secuencia increíblemente lograda que te mantiene con la mirada fija en la pantalla en todo momento, no solo por el acierto del guion, la dirección, la música y la edición, sino por lo realista y verosímil que se siente si la trasladamos al mundo real.
El problema es que esta escena, a pesar de estar tan bien lograda, es que se siente un tanto anticlimática. Todo lo que nos llevó a ella fue tan flojo, plano y aburrido que, al llegar a ese clímax tan emocionante, ya no te termina de enganchar del todo debido a que el recorrido previo resultó tan abrumador. Casi podríamos decir que el final se siente como una película totalmente diferente y, más bien, todo lo que nos hizo sentir ese cierre es lo que nos debió haber hecho sentir toda la película.
El día de la revelación sin duda demuestra que Spielberg es el maestro cuando se trata de narrar historias a través de imágenes y puesta en escena, pero lamentablemente, al tener un guion tan flojo, termina desaprovechando tanto el talento de este ya emblemático director como de los temas tan interesantes que propone.

