La nueva cinta de DC, a pesar de contar con personajes interesantes y un elenco sólido, no logra aprovechar ninguno de sus recursos.

Si hay algo en lo que muchos podemos estar de acuerdo desde que se anunció el nuevo universo cinematográfico de DC, es en la emoción que genera la posibilidad de ver a tantos personajes icónicos de los cómics en la pantalla grande. A pesar de su estructura todavía confusa y de un inicio que sigue intentando encontrar una dirección clara, resulta difícil no entusiasmarse al ver nombres como Superman, Linterna Verde, Lex Luthor y, en esta ocasión, Supergirl y Lobo ser llevados al cine.

Después de todo, no solo queremos ver a estos personajes; queremos ver las historias, los conflictos y las aventuras que los convierten en figuras tan memorables.

Por desgracia, Supergirl (2026), a pesar de contar con un director competente, un reparto atractivo y dos elecciones de casting prácticamente perfectas como Milly Alcock y Jason Momoa, termina siendo una película incapaz de aprovechar el enorme potencial que tiene entre manos.

El principal problema de la cinta radica en su guión. La historia presenta personajes interesantes y un conflicto que, al menos sobre el papel, resulta emocionalmente atractivo. Sin embargo, la manera en que desarrolla estos elementos es superficial y apresurada, provocando que muchas de las ideas que plantea nunca terminen de despegar.

La gran perjudicada es precisamente Supergirl. Gracias al trabajo de Milly Alcock, Kara se convierte en lo mejor de la película. Su interpretación logra transmitir el peso emocional de una joven marcada por la pérdida de Krypton, por el desarraigo y por la sensación de ser una superviviente de un mundo que ya no existe. La película intenta explorar estas heridas a través de conversaciones y flashbacks que buscan profundizar en su trauma, pero rara vez pasa de la superficie. El resultado es un personaje que parece mucho más interesante de lo que realmente le permite ser el guión. 

Además, varios de los momentos decisivos de la historia terminan disolviéndose mediante conveniencias narrativas o auténticos deus ex machina. En lugar de permitir que Kara enfrente sus conflictos, aprenda de ellos y utilice su dolor como motor para crecer, la película suele encontrar formas externas de rescatarla. Paradójicamente, una historia sobre una heroína poderosa termina teniendo muy pocas oportunidades para demostrar por qué merece serlo.

El caso de Ruthie resulta todavía más problemático. Toda su personalidad gira alrededor de la venganza por el asesinato de su familia, pero el filme apenas nos ofrece información sobre quién era ella antes de esa tragedia o quiénes eran las personas que perdió. Como espectadores entendemos racionalmente por qué quiere vengarse, pero emocionalmente nunca llegamos a compartir o conectar con ese dolor.

Tal vez si hubieran puesto algunas escenas mostrando a Ruthie conviviendo con su familia, su conflicto hubiera adquirido mucho más peso dramático. Sin ese contexto, el personaje termina sintiéndose más como una función narrativa que como una persona real.

Lobo corre con una suerte similar. Jason Momoa nació para interpretar al personaje. Tiene el físico, el carisma, la presencia y la energía necesarias para dar vida al mercenario más salvaje del universo DC. Cada vez que aparece en pantalla logra elevar el nivel de entretenimiento de la película. El problema es que el guión parece no saber qué hacer con él.

Su desarrollo es prácticamente inexistente y gran parte de la personalidad exagerada, violenta e irreverente que caracteriza al personaje se encuentra suavizada para encajar dentro de una producción más familiar. Lobo sigue siendo divertido, pero constantemente da la impresión de estar contenido. Como si el personaje hubiera llegado desde una película mucho más interesante para visitar ésta durante unos minutos.

Y luego está Krem de las Colinas Amarillas. Un villano tan olvidable que resulta complicado recordar algo sobre él una vez terminan los créditos. Carece de motivaciones particularmente interesantes, no posee frases memorables, tampoco desarrolla una relación significativa con los protagonistas y, en ningún momento, llega a transmitir una verdadera sensación de amenaza. Es simplemente villano que es malo por que si, solo porque la historia necesita alguien a quien derrotar.

Visualmente la situación tampoco mejora demasiado. La película intenta construir una estética que mezcla elementos de Mad Max con ciertos rasgos de Guardians of the Galaxy, pero el resultado se siente extraño y poco definido. El diseño de producción tiene ideas interesantes, aunque la fotografía apuesta por una paleta tan apagada que muchas veces termina restándole personalidad a escenarios que deberían sentirse únicos.

La acción cumple sin llegar a destacar. No hay secuencias particularmente memorables ni momentos que provocan esa sensación de asombro que suele esperarse de una producción protagonizada por personajes con semejante potencial visual. La banda sonora tampoco ayuda demasiado. Está ahí, cumple su función y poco más.

Sin embargo, el apartado que más problemas presenta es el de los efectos visuales. Hay escenas donde el uso del croma resulta demasiado evidente y el cgi en varias secuencias se ven super plástico. Algunas tomas lucen sorprendentemente inacabadas para una producción de este presupuesto. En serio, resulta increíble cómo una película tan costosa puede verse tan inconsistente y mal en determinados momentos.


Aun así, Supergirl dista mucho de ser un desastre absoluto. Es una película entretenida a ratos, funcional como pieza de transición para el futuro del universo DC y capaz de introducir personajes que probablemente brillarán más en proyectos posteriores. Milly Alcock demuestra que puede convertirse en una de las figuras más importantes de este nuevo universo, mientras que la breve participación de David Corenswet vuelve a confirmar por qué su Superman se ha ganado tan rápido el cariño del público. Con apenas unos minutos en pantalla transmite algo que la película parece olvidar constantemente: la esperanza.

Y quizás eso resume perfectamente el problema de Supergirl. No es una mala película. Es una película que constantemente nos muestra lo buena que pudo haber sido y nunca termina de convertirse en ella.