¿Cómo la tierna historia dirigida por Rob Reiner nos hace reflexionar sobre la manera en que percibimos la realidad y las interacciones humanas?


“No existen hechos, solo interpretaciones”

- Friedrich Nietzche



“Es posible que muchas cosas sean verdad al mismo tiempo, aunque se contradigan”

- Umberto Eco

Casi todos hemos vivido alguna historia y hemos creído que la versión que conocemos es la única que existe; que solo hay una verdad absoluta y que esta es precisamente la que nosotros vivimos, experimentamos y contamos a otras personas. Sin embargo, nuestra propia condición humana hace que, aunque dos personas vivan exactamente el mismo acontecimiento, la versión que experimentan y posteriormente cuentan pueda diferir considerablemente.

Somos seres que interpretamos el mundo a partir de nuestros miedos, deseos y valores, pero principalmente de los aprendizajes, dinámicas y creencias familiares con las que crecimos. Esto hace que cada persona sea, en cierta manera, una cultura diferente: un conjunto de experiencias, significados y referencias que inevitablemente difieren de los de los demás. Por eso, en cada historia siempre existen varias versiones. No necesariamente porque alguien esté mintiendo, sino porque cada persona posee un mundo de significantes y significados distinto, donde el contexto y la manera de experimentar la realidad modifican aquello que entendemos como “verdad”.

El filme Flipped, dirigido por Rob Reiner, a pesar de parecer una película sencilla e infantil, logra, gracias a su estructura narrativa, hacernos reflexionar sobre cómo cada persona puede vivir una historia completamente diferente. Cada quien interpreta los “hechos” desde su propia perspectiva. A través de una historia que primero presenta el punto de vista de Bryce y posteriormente el de Juli, la película convierte al espectador en testigo de cómo la realidad puede fragmentarse dependiendo del lente con el que se mire.

Por ejemplo, en el primer encuentro entre los protagonistas, mientras Juli interpreta el roce de su mano con la de Bryce como un gesto romántico y una señal de que están destinados a estar juntos, él percibe la misma situación como una invasión incómoda a su espacio personal, un acontecimiento asfixiante del que necesita escapar.

Aquí lo interesante no es el hecho en sí —la mudanza, el roce de las manos o que Bryce tenga que refugiarse detrás de su madre—, sino cómo las creencias y los esquemas mentales de cada uno son los que terminan definiendo la experiencia y el significado que le atribuyen.

Pero estas creencias y esquemas mentales no aparecen de la nada ni vienen predeterminados desde el nacimiento. Son, en gran medida, resultado de la forma en que fuimos criados y de las ideas que nos fueron inculcando desde casa.

Juli, cobijada por una familia que estimula la sensibilidad, el arte y la apreciación del entorno, interpreta la incomodidad de Bryce como una dulce timidez. Por ello, siente que debe hacerlo sentir bienvenido y acompañado. Bryce, por su parte, al crecer en un hogar donde abundan el cinismo y la rigidez, interpreta el entusiasmo y la amabilidad de Juli como un acoso inexplicable y molesto.

Ahondando un poco más en cómo la educación y la herencia familiar condicionan y moldean nuestra percepción sobre las personas y los acontecimientos, los prejuicios de Bryce hacia Juli son, en buena medida, consecuencia de los comentarios despectivos y las ideas de su padre. Un hombre que proyecta sus propias frustraciones criticando constantemente a los Baker e intentando hacerlos parecer inferiores, incluso a través de algo tan aparentemente insignificante como su jardín. 

En contraste se encuentra la familia de Juli, especialmente su padre, quien le enseña a mirar más allá de la superficie y a comprender que un paisaje, o una persona, es mucho más que la suma de sus componentes.

Y creo que esta es una de las lecciones más importantes de la cinta: el todo es mayor que la suma de sus partes. Esta idea no solamente ayuda a comprender uno de los temas centrales de la película, sino que también permite observar desde otra perspectiva las interacciones y narrativas humanas que construimos a lo largo de nuestra vida. Las personas siempre son mucho más de lo que aparentan a simple vista. Existe una serie de elementos, experiencias, emociones y circunstancias que conforman quiénes somos y que, para comprender realmente a una persona, necesitamos observar desde un panorama más amplio.

Todos somos productos de nuestras experiencias, nuestros valores, nuestra educación, nuestros miedos y nuestros anhelos, pero también de las narrativas y discursos que nos contamos sobre nosotros mismos y sobre los demás. Y, además, no somos seres estáticos. Cambiamos constantemente a partir de las experiencias que atravesamos, de las personas que conocemos y de las decisiones que tomamos. Por eso, resulta inútil intentar juzgar a una persona como si fuera una entidad absoluta y definitiva.

En la película vemos esto claramente en la evolución de Juli y Bryce. Al principio, Juli construye una fantasía idealizada alrededor de Bryce. Después comienza a verlo como un ser cruel y egoísta. Posteriormente vuelve a sentir algo por él y, más adelante, vuelve a molestarse al escuchar los comentarios que hace sobre su tío. Finalmente, termina viéndolo como un ser humano: alguien con sentimientos, que ha cometido errores y que incluso llegó a lastimarla, pero que también es capaz de reconocer sus equivocaciones e intentar enmendar el daño que causó, como demuestra al plantar un sicómoro en su jardín.

Bryce, por su parte, atraviesa una transformación similar. Pasa de ver a Juli como una persona molesta, alguien a quien debe lastimar para conseguir que se aleje de él, a interesarse por ella. Después comienza a lamentar el trato que tuvo hacia ella y, finalmente, consigue verla también como un ser humano: alguien con buenos valores, anhelos, problemas y sentimientos; sentimientos que él mismo lastimó con sus acciones pasadas.

Y quizá esa sea una de las principales lecciones con las que debemos quedarnos de la cinta: no deberíamos juzgar a una persona ni a una situación como algo absoluto cuando únicamente conocemos una parte de su historia.

Tal vez creemos que determinada situación nos estaba lastimando cuando, con el tiempo, descubrimos que terminó por ayudarnos a crecer. O quizá sucede lo contrario: algunas situaciones parecen hacernos bien en un principio, pero terminan revelándose como algo que nos estaba perjudicando.

Con las personas ocurre exactamente lo mismo. A veces construimos una idea tan rígida sobre alguien que terminamos bloqueando cualquier posibilidad de interacción o diálogo. Dejamos de mirar al individuo para observar únicamente aquella característica que utilizamos para definirlo. Y al hacerlo, reducimos toda su complejidad a una sola versión de quién creemos que es.

Quizá aquella persona a la que criticamos por determinada cualidad también posee muchas otras que podrían convertirla en nuestra amiga, nuestro más grande confidente o incluso en el amor de nuestra vida. Porque si el todo es mayor que la suma de sus partes, entonces necesitamos tener la apertura suficiente para conocer cada una de las partes que conforman a un individuo antes de intentar comprender el todo.

Quizá eso es lo que Flipped nos invita a hacer: desprendernos de esa historia individual que domina nuestra percepción y permitirnos conocer las demás versiones que existen detrás de ella. Porque, al final, quizá nunca llegamos a conocer completamente una historia hasta que somos capaces de mirar desde los ojos de alguien más.