Cómo la adaptación de la novela de Thomas Hardy nos enseña la importancia del amor fraterno dentro del amor romántico.


“El amor es amistad con momentos eróticos”
- Antonio Gala 

Desde las reflexiones filosóficas de la antigüedad hasta nuestra cultura popular contemporánea, el amor y la amistad han sido entendidos como conceptos distintos. Mientras algunos consideran que nunca deberían mezclarse porque, tarde o temprano, una relación romántica termina arruinando una amistad de años, otros sostienen que ambos sentimientos no solo pueden coexistir, sino que muchas veces se necesitan mutuamente para construir un vínculo mucho más profundo y duradero.

Existen numerosas historias que exploran precisamente esta tensión: amigos que terminan enamorándose, ex parejas que descubren que funcionan mejor como amigos o relatos donde la amistad sirve como el puente para construir un amor sólido. La adaptación de Thomas Vinterberg de la novela de Thomas Hardy pertenece a este último grupo.

Far from Madding Crowd no es únicamente una historia de enredos amorosos y pretendientes en la Inglaterra victoriana. Es una reflexión sobre el amor, la lealtad y las consecuencias de nuestras decisiones afectivas impulsivas. Pero, sobre todo, es un estudio que demuestra que la amistad puede existir perfectamente sin el amor romántico, mientras que el amor difícilmente sobrevive sin una base de amistad.

A través de los tres pretendientes de Bathsheba Everdene, la película explora cómo un amor construido únicamente desde la pasión o la idealización termina destruyendo a quienes lo viven, mientras que un vínculo cimentado en la amistad y el conocimiento mutuo es capaz de resistir el paso del tiempo y transformarse en el amor más estable.

Pero antes vale la pena preguntarnos: ¿por qué la amistad puede sostenerse por sí sola, mientras que el amor parece necesitar inevitablemente ese sustento fraternal?

La amistad posee una autonomía que el amor romántico difícilmente alcanza. Está libre de la exclusividad: podemos tener múltiples amigos sin que ello desgaste nuestros vínculos (o eso se espera). Dos personas pueden pasar meses o incluso años sin verse y, aun así, reencontrarse con la misma complicidad. La amistad permite disfrutar de las afinidades compartidas sin la necesidad constante de cambiar al otro o de exigir que cambie para mantener viva la relación.

El amor romántico, en cambio, necesita de esa amistad para sobrevivir. Cuando la pasión inicial inevitablemente disminuye, son la complicidad, la confianza y el conocimiento mutuo los que sostienen la relación y evitan que caiga en la rutina o en la hostilidad. Además, la amistad previa desarrolla una empatía fundamental: conocer al otro antes de enamorarse permite afrontar los conflictos de pareja desde la comprensión.

El sargento Troy representa precisamente la pasión, el misterio y la atracción física. El acercamiento de Bathsheba hacia él no nace del deseo de construir una vida en común, sino de un despertar emocional y sensorial. Sin embargo, Troy jamás llega a conocer verdaderamente a Bathsheba. No comprende su carácter, no respeta su inteligencia ni comparte sus valores ligados a la tierra y al trabajo.

A esto se suma que Troy llega a ella únicamente después de perder a Fanny Robin, el verdadero amor de su vida. Bathsheba nunca es elegida por quien realmente es, sino utilizada como un sustituto para llenar el vacío que dejó otra mujer y recuperar el control sobre su vida y su propia autoimagen. 

Su relación termina siendo puramente pasional y un tanto narcisista. Está sostenida únicamente por la intensidad de la emoción y, cuando ese fuego inevitablemente se extingue, el vínculo queda completamente vacío. Lo único que permanece es la convivencia entre dos personas que, en realidad, nunca llegaron a conocerse.


William Boldwood representa otro error igual de peligroso: la obsesión y la idealización. Boldwood nunca se enamora realmente de Bathsheba; se enamora de la imagen que construye de ella. La coloca sobre un pedestal hasta convertirla en una fantasía imposible. En lugar de conocerla, dialogar con ella y descubrir quién es realmente, la transforma en un símbolo que le permite demostrar que todavía “puede amar” y sacrificarse por alguien.

Al dejar de verla como un ser humano, también desaparece cualquier posibilidad de amistad. No existe una relación entre iguales, sino la adoración de una proyección mental. Su supuesto amor termina convirtiéndose en una prisión construida a partir de expectativas unilaterales.

Gabriel Oak representa la posibilidad de un amor mucho más sano porque encarna la amistad, la reciprocidad y el conocimiento mutuo. Después de que Bathsheba rechaza su propuesta de matrimonio y de perder tod0 su estatus socioeconómico, Gabriel realiza un acto de enorme madurez. Renuncia al orgullo, acepta su nueva condición y decide trabajar para la mujer que lo rechazó. Incluso permanece a su lado después de que ella se casa con Troy, aun cuando sigue enamorado de ella.

Paradójicamente, esa renuncia es lo que termina construyendo el vínculo más fuerte de toda la historia. Al aceptar que quizá nunca podrán estar juntos, Gabriel deja de relacionarse con Bathsheba como un pretendiente y comienza a hacerlo como un verdadero amigo. La escucha, la aconseja, conoce sus virtudes y también sus errores. Permanece a su lado en los momentos más difíciles sin exigir una recompensa romántica o afectiva.

La gran diferencia entre Gabriel y los otros dos pretendientes es que respeta la individualidad de Bathsheba. Troy intenta convertirla en una extensión de sí mismo y Boldwood la transforma en un ideal imposible. Gabriel, por el contrario, la reconoce como una persona completa, con virtudes, defectos, miedos y autonomía. Su amistad sobrevive porque aprende a valorarla como ser humano antes que como una posible pareja.

La principal enseñanza que deja esta historia es que el amor debe ser una decisión plenamente consciente para ambas personas. Consciente en el sentido de que ambos conocen al otro tal como es, respetan su individualidad y no intentan convertirlo en el personaje principal de sus propias fantasías. Elegir amar a alguien no significa enamorarse de una versión idealizada, sino aceptar a la persona real que tenemos enfrente.

Quizá por eso esta novela, escrita hace más de un siglo, continúa siendo tan vigente. Porque toma dos experiencias universales, la amistad y el amor, para recordarnos los riesgos de construir relaciones desde la pasión desbordada o la idealización, en lugar de hacerlo desde el conocimiento mutuo y la madurez emocional.

Y quizá esa sea la pregunta más importante que nos deja Far from Madding Crowd. Antes de preguntarnos si alguien puede ser el amor de nuestra vida o nuestra alma gemela, tal vez deberíamos preguntarnos algo mucho más sencillo: ¿podríamos ser verdaderamente amigos de esa persona? Porque cuando la flama de la pasión inevitablemente pierda intensidad su intensidad y la emoción disminuya, será esa amistad la que decida si el amor puede seguir existiendo.