Cómo la constante necesidad de vivir el momento esconde un conflicto emocional profundo.

“Its not your fault”

- Good will hunting 

Casi todos, en algún momento, hemos escuchado hablar de esa filosofía de vivir el presente, Carpe diem: disfrutar el ahora sin preocuparse melancólicamente por el pasado ni inquietarse por el angustiante futuro. Una forma de pensar que, a primera vista, podría parecer la máxima expresión de libertad y plenitud, pero que, en el fondo, también puede encubrir un miedo y una herida psicológica bastante profunda.

Disfrutar del aquí y el ahora puede traer varios beneficios: reducir la ansiedad, vivir con mayor plenitud lo que sucede en el presente y aprender a valorar aquello que sentimos en el momento, tanto en nuestras relaciones como en nuestras experiencias. El problema surge cuando vivir el presente se convierte en una excusa para evitar afrontar el futuro y, más importante aún, ignorar y rechazar el pasado. The Spectacular Now aborda precisamente esta problemática.

En el filme, Sutter, interpretado por Miles Teller, demuestra cómo su constante necesidad de habitar el presente y vivir al máximo cada instante, lejos de ser una simple filosofía hedonista, funciona como un mecanismo de defensa que esconde un conflicto emocional profundo y muy humano. El exceso de estímulos, las fiestas, el alcohol y la adrenalina funcionan como una anestesia diseñada para silenciar el vacío interno provocado por el trauma infantil ocasionado por el abandono de su padre.

Su forma de pensar y de vivir enfocado en disfrutar las experiencias que le brinda el ahora no solo le permite callar el vacío que dejó su padre, sino también desplazar y postergar una herida que continúa rugiendo en silencio. Para Sutter, la soledad y la quietud son peligrosas porque lo obligan a mirar de frente ese vacío y confrontar la ausencia y el dolor que dejó el abandono de su figura paterna.


Para él, si el mañana no existe, no hay riesgo de que el día de mañana lo abandonen otras personas. Si no planea, no se compromete. Si no se compromete, no genera expectativas. Y sin expectativas, no existe el riesgo de decepcionarse. Pero, más importante aún, sin un compromiso real, cualquier abandono posterior tampoco debería sentirse tan profundo, porque nunca se permitió ser realmente vulnerable.

Sin embargo, lo más interesante de analizar sobre la psicología de Sutter no es únicamente cómo huye del pasado y rechaza el futuro por miedo, sino cómo su historia nos hace reflexionar sobre la manera en que ciertas heridas pueden llevarnos a generalizar un trauma: convertir un dolor histórico y particular en una regla universal para nuestro presente.

Si la persona encargada de guiarlo, darle orientación y amarlo incondicionalmente fue incapaz de hacerlo, entonces nadie es digno de confianza y el amor verdadero es solo una ilusión. Pero, sobre todo, Sutter parece sentir que si no pudo conseguir que la figura de mayor cariño y apego de su vida se quedará, tampoco podrá conseguirlo con nadie más. Por eso prefiere abandonar a las personas antes de comprometerse realmente con ellas, evitando así la posibilidad de salir lastimado.

A lo largo de la cinta vemos cómo esta actitud sabotea cada una de sus relaciones y, paradójicamente, termina provocando aquello que tanto teme: que las personas lo abandonen. Con Cassidy adopta una postura desinteresada y despreocupada que termina por alejarla, pues ella busca un futuro y una madurez que Sutter no está dispuesto a ofrecerle. Con Aimee ocurre algo distinto. Sutter adopta una especie de complejo de salvador, intentando resolver los problemas de ella y asumir un papel que le permita sentirse necesario. Pero cuando descubre que Aimee realmente lo ama, su herida de abandono vuelve a activarse y decide alejarse. No porque sea incapaz de sentir algo por ella, sino por el terror de volver a experimentar un rechazo y un abandono en el futuro.


Incluso con su familia mantiene una postura distante y evitativa. En el filme se menciona que Sutter no visita a su hermana, Holly, ni a su prometido. Holly parece representar un espejo que Sutter se niega a mirar: ella pudo seguir adelante a pesar del abandono y decidió permitirse amar a alguien a pesar de su propia herida. Él no lo hace porque crea que es incapaz de amar, sino porque, en el fondo, tal vez sienta que seguir adelante también significaría dejar atrás algo que, de cierta manera, todavía lo conecta con su padre.

Lo que podemos indagar y reflexionar a partir de las relaciones y actitudes de Sutter es cómo el compromiso constituye una base fundamental para cualquier vínculo. Sin compromiso, disminuye el riesgo de sentir algo profundo por alguien y, por lo tanto, también disminuye el peligro de mostrarnos vulnerables. Y así, salir heridos parece ser algo mucho más fácil de soportar.

El problema es que toda relación necesita, en algún momento, un acto de vulnerabilidad. Ningún vínculo puede sostenerse únicamente sobre la fachada de que todo está bien. Necesitamos permitir que el otro vea nuestra cara más débil para que pueda brindarnos su apoyo y, de esta manera, el vínculo pueda fortalecerse. Porque, al final, si queremos construir una relación que permanezca, primero tenemos que aceptar la posibilidad de que algo pueda romperse.

El punto de inflexión de la cinta ocurre cuando Sutter, completamente ebrio después de haber renunciado a su trabajo y abandonado a Aimee, regresa a su casa y se desmorona emocionalmente frente a su madre. Se reprocha a sí mismo que es  una mala persona y que no es digno de amor. Su madre, Sara, lo tranquiliza y lo hace comprender que es una buena persona al recordarle todas las ocasiones en las que ha ayudado a los demás de manera incondicional. Le recuerda que sí sabe amar y, sobre todo, que hay muchas personas que lo aman.

Esta escena resulta tan poderosa porque Sara logra desarticular el discurso interno que Sutter ha construido durante años. Al recordarle todas las ocasiones en las que ha ayudado a los demás, le demuestra que él no es su padre. Y cuando le recuerda que sí puede amar y que los demás también lo aman, consigue que Sutter cuestione esa generalización emocional que lo ha acompañado durante tanto tiempo. Poco a poco, comprende que el abandono de su padre habla exclusivamente de las carencias afectivas de su progenitor y no de su propio valor, ni como hijo ni como persona.

El viaje de Sutter nos ofrece una lección universal sobre la resiliencia y sobre la compleja red de vínculos y traumas afectivos que construimos a lo largo de nuestra vida. Generalizar una herida nos condena a ver señales donde no las hay, a convencernos de que somos personas que en realidad no somos, a destruir los puentes que nos conectan con los demás y a creer que la misma historia necesariamente se repetirá con otras personas. Y justamente ahí reside uno de los aspectos más interesantes de la cinta: cada espectador puede encontrar algo de sí mismo en la historia de Sutter.

Todos hemos experimentado, en mayor o menor medida, el peso del abandono y del rechazo; experiencias que pueden nublar nuestra capacidad de valorar a quienes nos rodean. Lo valioso de esta travesía es que nos demuestra que una herida no tiene por qué convertirse en una limitante para conectar con los demás. A veces, continuar a pesar del dolor y desprendernos de las cadenas que nosotros mismos nos hemos colocado también puede ser una muestra del amor que existe en nosotros.

Porque, al final, ¿qué corazón ama más? ¿Aquel que nunca ha sido lastimado y permanece intacto y blindado, o aquel que, a pesar del dolor del quiebre y del miedo, toma la valiente decisión de abrirse y amar otra vez, quizá con mayor fuerza?