El trepamuros del UCM, después de tantos años, por fin entiende que un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

Todos nos emocionamos en aquel lejano 2016 cuando, con el estreno de Capitán América: Civil War, vimos por primera vez a uno de los superhéroes más queridos de Marvel, y del género de cómics en general, compartir pantalla con los personajes del Universo Cinematográfico de Marvel. Spider-Man ha sido, sin duda, una de las piezas clave de esta franquicia, conquistando tanto a los conocedores del personaje como a quienes apenas se acercaban a él.

Sin embargo, el Spider-Man de Tom Holland, desde su primera aparición, fue objeto de numerosas críticas. Muchos consideraban que se había perdido la esencia del personaje al convertirlo en alguien excesivamente dependiente de Tony Stark y de otros héroes del universo Marvel.

A lo largo de tres películas vimos a un Peter Parker inmaduro, demasiado apoyado en la tecnología de Stark y en la figura de su mentor. Tomaba decisiones bastante cuestionables –creo que a más de uno todavía le hierve la sangre recordar cómo Mysterio lo engañó con tanta facilidad– y, aunque atravesaba distintos obstáculos, daba la impresión de no aprender realmente de ellos. En cada nueva entrega volvía a cometer errores muy similares una y otra vez. 

Afortunadamente, tras No Way Home, este Spider-Man finalmente madura. Aprende a asumir la responsabilidad de sus acciones y el enorme precio que implica ser un héroe. Todo esto desemboca en Spider-Man: Brand New Day, una película que por fin nos entrega una versión del trepamuros que comprende quién es realmente Peter Parker y hace honor al lema que ha definido al personaje durante más de sesenta años.

Lo primero que salta a la vista respecto a las entregas anteriores es el apartado visual. Probablemente sea una de las películas mejor fotografiadas del UCM. Por primera vez deja de sentirse como una enorme pantalla verde. La ciudad luce viva, los escenarios poseen profundidad y varios encuadres son realmente hermosos.

Esto se aprecia especialmente en las escenas de balanceo. Cada vez que Spider-Man se lanza entre los edificios es imposible no emocionarse. Ya no parece un personaje flotando sobre efectos digitales; realmente da la sensación de estar recorriendo Nueva York junto a él. La cámara acompaña su movimiento con una fluidez que transmite velocidad, vértigo y libertad.


Las secuencias de acción también funcionan bastante bien. Desde la persecución contra los tanques, pasando por el breve pero efectivo enfrentamiento contra Hulk, hasta la batalla final contra La Mano, todas están dirigidas con mucha energía. Logran verse espectaculares y realistas sin perder esa estética que recuerda constantemente a las viñetas de los cómics.

Otro de los grandes aciertos es que, aunque muestra a un Peter completamente roto por el peso de ser Spider-Man, también le permite disfrutar de aquello que hace especial al personaje. Recibe el cariño de la ciudad, encuentra apoyo en otros héroes, logra compartir aunque sea un momento agradable con sus nuevos amigos y termina convirtiéndose en un refugio para Jean Grey.

Quizá el principal problema de la película se encuentra en el guión. Uno de los defectos que con mayor frecuencia se le señalan al UCM es su necesidad constante de conectar todas sus películas entre sí, provocando que muchas veces dejen de sentirse como obras independientes para convertirse únicamente en piezas de un enorme rompecabezas.

Aquí sucede justamente eso. El libreto cede demasiado espacio a los cameos, los enlaces con otras franquicias y la introducción de personajes como Punisher, Yelena o Bruce Banner, lo que termina diluyendo una de las características esenciales de Peter Parker: su soledad. En lugar de profundizar en los conflictos que siempre han definido al personaje, la película dedica demasiado tiempo a recordarnos que todo forma parte de un universo compartido. Como consecuencia, varios de sus temas más interesantes como la culpa, la pérdida, la responsabilidad y el sacrificio terminan reducidos a simples lecciones o discursos, en lugar de desarrollarse de forma orgánica a través de la narración.

Por otro lado, Zendaya y Tom Holland siguen sin convencer del todo como Peter y MJ. Más que ver a los personajes, da la impresión de estar viendo a dos actores interpretándolos. La química entre ambos se sostiene más por conocer su relación fuera de la pantalla que por la construcción de sus personajes dentro de la historia. De hecho, Peter termina teniendo una dinámica mucho más interesante con Jean Grey.

En conjunto, Spider-Man: Brand New Day es una buena película y le hace justicia al personaje, pero tampoco va mucho más allá, ni se siente como una obra innovadora o trascendente. Si, finalmente sentimos que estamos viendo a Spider-Man; sin embargo, no propone algo especialmente novedoso frente a lo que ya habían conseguido las películas de Tobey Maguire, la saga de Andrew Garfield o incluso las cintas de Spider-Verse. A pesar de estar bien lograda esta cinta con respeto al personaje da la sensación que esto ya se ha visto antes, pero con otros actores.

Aun así, con todos sus aciertos y desaciertos, Spider-Man: Brand New Day representa la perspectiva fresca que este personaje necesitaba dentro del UCM. Por fin vemos a un Hombre Araña que carga con responsabilidades reales, conflictos internos y el constante sacrificio que implica poner la vida de los demás por encima de la propia. Pero, al mismo tiempo, también recupera aquello que siempre lo distinguió: ser el amigable vecino. Un héroe capaz de salvar a millones de personas un día y, al siguiente, detenerse a conversar contigo como si fueran amigos de toda la vida.

Y quizá esa sea la razón por la que tanta gente conecta con Spider-Man. No porque sea perfecto, sino porque es profundamente humano. Comete errores, fracasa, toma malas decisiones y carga con una culpa que parece interminable; pero siempre encuentra la manera de levantarse una vez más. Detrás de los poderes, cualquiera puede verse reflejado en él, pues sus verdaderos enemigos no siempre son villanos con superpoderes, sino la soledad, el peso de las responsabilidades, el sacrificio y el deseo constante de convertirse en una mejor persona.

Por eso Spider-Man: Brand New Day termina funcionando. Porque entiende, por fin, la esencia del personaje. Aunque su guión sea irregular y desaproveche varias de las posibilidades que ofrece este nuevo comienzo, logra recordarnos por qué seguimos queriendo tanto a Spider-Man y, en el fondo, por qué seguimos necesitando historias de superhéroes.